Dias de furia

Acaba de tumbarse en la litera de la tienda cuando entró corriendo Luis. Por su cara enseguida adivinó que no traia buenas noticias. Los cara desencajada , con el uniforme cubierto de polvo, aquel maldito polvo que todo lo invadia y al que despues de un año no se habian acostumbrado, se cuadró ante el teniente Castro:

-Nacho no ha vuelto a la base, han localizado desde el aire su blindado hará unos veinte minutos, lo acabo de oir por la emisora- dijo Luis atropelladamente – Parece que han sobrevivido pero no por mucho tiempo, las brigadas del califa acuden como moscas, quieren trofeos-

Castro se incorporó, estaba agotado despúes de una semana con sus hombres en el desierto cazando terroristas pero Nacho era su amigo y no podia dejarlo alli. Vamos Luis, llevame hasta allí le dijo mientras cogía su chaleco y su arma.

-¿No deberia autorizarlo Paloma?, quiero decir no podemos entrar en zona de combate por nuestra cuenta….- preguntó Luis dudando al ver a su teniente salir corriendo hacia el blindado.

-Por supuesto Luis, la cadena de mando, se lo diré cuando volvamos, conozco a Paloma mejor que nadie en esta jodida base, nunca lo permitiria- gruñó el teniente- Pero tambien sabe que nunca he dejado un hombre atrás en mis 20 años de servicio y ya soy viejo para cambiar-

El blindado volaba por las polvorientas calles de la abandonada ciudad, levantando una nube de polvo tras de si, Luis conocía aquellas callejuelas como si hubiera vivido toda la vida alli, mientras Castro por la emisora contactaba con el punto de control que daba paso al infierno del califa, un viejo amigo estaba al mando allí:

-Pedro, necesito que me abras el portón, voy hacia alli con Luis, vamos por el equipo de Nacho- Al otro lado de la línea Pedro dudaba, sabía que las ordenes del comandante era no dejar entrar a nadie sin su expresa autorización pero tambien sabia que su amigo no estaria vivo cuando cayerá la noche y que Castro era imparable- Ese gallego se estrellaría contra la barrera si fuera preciso- Pensaba mientras miraba de reojo a la sargento de guardia.

-Nos van a sentar en un tribunal por esto Castro, nos van a joder si no nos matan esos moros antes, la barrera estará levantada, suerte cabronazo la vais a necesitar y traelos de vuelta- respondió mientras ordenaba a la guardia que abrieran el portón. El blindado atravesó como una exhalación instantes despúes.

-Entramos en zona hóstil , hay que reportarlo al cuartel general no vayan a meternos un misil por el culo nuestros colegas del aire- gritó Luis mientras clavaba su bota derecha en el acelerador del blindado.

-si, me toca llamar a la jefa….- respondió el teniente mientras comunicaba con la base

-¿Sabes que te va a cortar los huevos? menuda es tu Palomita rió Luis mientras esquivaba una barricada humeante de un volantazo.

-Tú limitate a llevarme hasta Nacho, no queda nadie con cojones en la base para venir a por nosotros-

-A sus ordenes mi teniente- Sonrió Luis

-Aqui Castro, hemos entrado en Lima 7 con un BMR, voy con un sargento a recoger al equipo de Nacho-

La inconfundible voz del comandante, seria y calmada no se hizo esperar:

-No he autorizado ninguna operación de rescate teniente Castro, vuelvan inmediatamente a su base, Lima 7 esta fuera de control y no hay garantia de exito de esa operación. Es una orden-

-Negativo Paloma, no vamos a salir de aqui sin nuestros compañeros- Se escuchó al otro lado.

-Es una orden , repito, vuelvan inmediatamente o les consideraré en rebeldia y daré orden a que los neutralicen- Respondió Paloma elevando el tono de voz de forma inusual.

-No escucho bien mi comandante, tenemos problemas con la radio- dijo sonriendo mientras guiñaba un ojo a su compañero

-Me esta diciendo teniente que va a desobedecer una orden , vuelvan ahora mismo a la base o les sentaré en un tribunal militar –

Te lo dije , masculló Luis, o nos matan los moros o acabamos en una prisión militar –

-Paloma, por favor, necesito que pases el codigo del BMR al grupo de operaciones aereas para que no nos fria un Tigre o un F18, y tienes que hacerlo ya-

-Maldita sea teniente, esto no es un grupo de whatsapp de tus colegas…..no me hagas esto joder, sabes que no puedo autorizar este suicidio, si Nacho no fuera tú amigo no lo harias- Respondió alterada y levantando la voz.

-Corto y cierro, confío en tí cariño-

-¿Cariño?, desde cuando te dirijes a un superior asi? espero que haga lo que le has pedido o uno de esos pajaros nos va a convertir en cenizas- rió Luis con una mueca de desaprobación.

-¿Estas celoso Sargento? , tú ocúpate de que no nos estrellemos, en la proxima avenida gira a la derecha, sigue recto y llegaremos al lugar del accidente, ya veo la columna de humo desde aqui-

En ese preciso momento un helicoptero Tigre sobrevoló la calle a gran velocidad cubriendolo todo de polvo, tuvieron que frenar bruscamente pues apenas podian ver nada.

-Mas te vale que tu Palomita haya cumplido o ese Tigre viene por nosotros- dijo Luis con voz atemorizada, la idea de que un misil Spike entrará por la puerta y los redujera a cenizas cobraba fuerza en su cabeza, al fin y al cabo habian desobedecido las ordenes de un comandante y en una guerra, enemigos a abatir.

-Paloma cumple, siempre lo hace- dijo el teniente mientras montaba su arma y comprobaba el cargador. -Ese Tigre viene a ayudarnos-

En efecto, pocos segundos después el inconfundible sonido del cañon automático de 30 mm batiendo las barricadas enemigas inundó la avenida donde Nacho y un brigada resistían como podían. Parapetados en el interior del blindado , heridos y con la esperanza perdida agotaban la munición contra las decenas de enemigos que les acosaban desde los edificios conlindantes y las improvisadas barricadas que habian montado en torno a su ansiado trofeo.

Luis detuvo el blindado a unos trescientos metros de la posición del Tigre, alli en punto fijo batiendo sin descanso las posiciones enemigas parecia un angel exterminador, las vainas de las balas caian sobre el suelo como una lluvia metalica mientras el humo cubria sus objetivos.

-Esto nos dará unas horas Nacho pero ese pajaro no puede sacarnos de aqui, reservemos balas para nosotros- le dijo el brigada mientras apretaba el torniquete que le habia hecho en la pierna derecha.

-¿y que cosa mejor tenías pensado hacer ?- rió Nacho mientras una mueca de dolor le recordaba que estaba gravemente herido y tal vez no viviera para contarlo.-

Cuando el Tigre hubo agotado su munición cabeceó hasta sobrevolar la posición de Nacho y con un rugido de los motores a maxima potencia alzó el vuelo sobre los humeantes edificios que instantes antes habian soportado la furia del cañon de 30 mm.

-Nos toca- dijo Luis mientras engranaba la primera marcha y aceleraba con determinación.

No habian llegado a la mitad de la distancia que les separaba cuando la estela de un cohete anticarro llego silvando por un lateral. Por unos segundos pasó de largo y acabó impactando en las ruinas que delimitaban el margen izquierdo de la calle. Una lluvia de escombros cayó sobre ellos mientras el ensordecedor estruendo rebotaba contra el vehículo. Se miraron con alivio al comprobar que seguía enteros.

-Estuvimos cerca …- murmuró Luis.

-Si , pero no se confie sargento, no siempre vamos a tener tanta suerte…- le respondió el teniente con una mueca de aprobación.

-No me da miedo caer en combate, mejor asi que no en la cama de un hospital, ¿no crees?-le respondió Luis que siempre trataba de encontrar el lado bueno de las situaciones difíciles.

-Sin duda, sin duda….nunca me gustaron los hospitales- gruñó Castro.

-Por eso sales con una doctora, eres un enfermo teniente, un jodido enfermo-

Frenó en seco frente al vehiculo de Nacho.

-Iré yo, tu ocupate de que no se pare el motor y salgamos de este infierno-

Luis no se atrevió a contestar pero aquello iba contra las reglas, un oficial no entra en combate primero dejando a sus hombres en la retaguardia,el oficial de menor graduación era él. Pero el teniente tenia aquella mirada que ya habia visto en otras ocasiones y sabía que ni con una pistola en la sien le detendría, abrió una escotilla y arrojó un par de botes de humo con los que ocultaría sus movimientos, era todo lo que podia hacer por su teniente. Castro le miró , le dió una fuerte palmada en el pecho mientras se ajustaba el casco y volvía a comprobar su arma para inmediatamente despúes saltar ágilmente del blindado a toda velocidad hacia el vehiculo de Nacho.

Luis miraba nervioso hacia el edificio humeante, otro cohete y en aquella posición no habria salida, sentia las decenas de ojos que los observaban y los dedos que acariciaban los gatillos prestos a disparar sobre ello. El sudor caia sobre sus ojos y nublaba su vista, podia sentir el retumbar del corazón en todo su cuerpo, la respiración acelerada, los puños apretados en el volante. De pronto el impacto en la chapa del blindado seguida de una detonación le recordó lo delicado de su posición. Pronto hubo un segundo disparo con el destello de una bala trazadora impacto en el lateral y una vez marcada su posición una lluvia de proyectiles cayó sobre el vehículo.

-Bienvenido teniente, estabamos esperandole- le saludó el brigada desde el interior del amasijo de hierros- Tendrá que disculpar al capitán , ha perdido mucha sangre y tendremos que llevarlo a cuestas- Con cierta dificultada salieron del vehiculo protegidos por la densa humareda de los botes de humo que escondian sus movimientos y se dirigieron hacia el portal del edificio desde donde los francotiradores disparaban sobre el blindado de Luis. Una vez estuvieron protegidos de la linea de tiro llamó por la radio a Luis:

-Sal de ahi antes de que te hagan volar por los aires, hemos tomado posicion a tus tres, esperaremos aqui a que se calme la cosa.Corto y cierro-

Luis hundió el pie en el acelerador y girando a toda velocidad salió calle arriba dejando una polvareda tras de si que inundó toda la avenida mientras los disparos se detenian. Agazapados en las ruinas del portal, Castro pedia silencio por señas. Era vital no descubrir su posición en medio de aquel infierno. El plan del gallego era esperar una nueva incursión del Tigre para salir de alli pero no sabia si autorizarían un nuevo vuelo, la zona era un polvorin y nadie queria ser responsable de la perdida de un helicoptero de última generación, nadie excepto Paloma. En su puesto de mando interrogaba a Luis:

-Maldita sea, sabía que la ibais a liar, me esta diciendo sargento que ha abandonado un oficial en una operación de rescate no autorizada, le llevaré a un consejo de guerra si sale de alli –

-Paloma, dejate de formalismos, si quieres que saquemos a esos tres,necesitamos apoyo aereo o nos enterrareis a los cuatro porque con apoyo o sin el yo vuelvo por ellos.Tengo el blindado como un jodido colador, no sé ni como funciona aún pero los cojones intactos, dime si vas a ayudarnos o no y dimelo ya-

En la sala de mando, Paloma palidecia, sabia que aquello iba a acabar mal desde el primer momento pero no imaginaba que sus sentimientos por el teniente iban a condicionar sus decisiones profesionales. Sabia que alguien pediria explicaciones por aquella operacion y seria muy dificil aun acabando bien que se aceptasen, pero con 4 bajas y un helicoptero derribado sería el fin de su carrera. En su mente la imagen de Castro, con su sonrisa y aquella mirada que nunca habia podido olvidar.

-Envíe dos Tigres a la posición de Castro y que despejen la zona-

Comandante, ¿está segura?, el último Tigre ha reportado fuego hostil muy intenso en la zona – el preguntó el sargento al cargo de las comunicaciones.

-ya me ha oido, si tengo que volver a repetirle mis ordenes tendré que relevarle del puesto sargento-

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El viaje (II)

Luis se había acostumbrado a una vida solitaria en aquella tierra olvidada del mundo. La vegetación cubría devorando con maleza el único camino que salía de Villares , hacia ya muchos años que nadie recorría esa senda. Luis lo evitaba pues aunque no era supersticioso creía que algo malvado dormía en las piedras que las hierbas cubrían. Hermes tambien evitaba ese camino y eso confirmaba las sospechas de Luis que sabia que aquel animal veia cosas que los vivos no sienten, al fin y al cabo era su único amigo en aquel mundo perdido. Era frecuente oirle conversar con Hermes, le contaba las viejas historias de la antiguedad y el perro le miraba como comprendiendo. La vida de Luis no conocia de horarios ni rutinas. Procurarse alimento y mantener la vieja casa de tejado de pizarra era su unica ocupación, el resto del día lo dedicaba a recorrer los alrededores siempre sin cruzar las montañas que encerreban el valle, sabia que mas alla de aquellas cumbres estaba el mundo de los hombres y sus horrores. No esperaba nada de ellos ni estaba interesado en luchar sus guerras, el no se iria nunca de aquel reducto olvidado, vivía como habían vivido sus padres y sus abuelos y no sabia hacerlo de otra manera. Conocia bien todos los arboles y los animales que poblaban el valle, cada fuente y cada regato que recorría el valle. Él vivía en armonia con la naturaleza, cazaba si, pero solo para alimentarse, cultivaba un pequeño huerto familiar y recogia lo que el bosque le entregaba, castañas y nueces en otoño , manzanas y cerezas en primavera. Cuando el invierno endurecía su existencia y el sol apenas se veia, él pasaba horas leyendo los libros que se habia traido de la casa del cura. En esos momentos escapaba de su realidad y vivía otras vidas más alla del tiempo y el espacio. Un día escribiré yo una historia pensaba con frecuencia pero lo cierto es que nunca lo hizo, aunque en su cabeza y durante sus paseos por el campo le gustaba inventar historias que compartía con Hermes pero nunca se decidió a ponerlas por escrito. La soledad para la mayoria de las personas es fria y dolorosa pero no para Luis, había aprendido a quererla . Un día hacia ya varios años llegó al pueblo una pareja de guardias civiles, Luis los vió venir mucho antes de que entraran en el pueblo, los observó en la distancia sin que ellos se dieran cuenta de que alguien les seguía, no huía de nada ni les temía, él era fuerte y agil, podría acabar con ellos sin que pudieran ni darse cuenta de quien les atacaba, toda una vida cazando en los bosques de Villares habian hecho de Luis un animal fuerte y astuto, un lobo solitario, y lo hubiera hecho si ellos hubieran sido una amenaza, aquel era su reino y su unica ley era la suya, pero no lo eran, los dejo husmear en las ruinas del pueblo y espero a que regresaran por el olvidado camino de piedras . Por un momento pensó que podria acercarse a ellos y saber del mundo pero fue un instante, el no queria que ese mundo hóstil que crecia fuera del valle supiera de él, nada bueno había traido y todo lo bueno se había llevado. Aquella fue la última oportunidad de salir de alli y regresar a la civilización. Moriré solo aquí cuando ya no pueda salir a procurarme mi sustento, cuando Hermes se vaya y me deje solo, lo cual no será dentro de mucho porque la vida en el campo envejece a los hombres rapidez . Cuando un hombre ama la soledad no teme la muerte, tampoco la desea, simplemente la acepta con naturalidad del que conoce el ciclo de la vida , sabe que nadie le llorará, nadie sufrirá por su ausencia, nada quedará pendiente, nadie esperará en la casa, la soledad era libertad, la soledad era vivir sin miedo. Sin embargo tambien era una amante cruel ya que algunas noches bajaba la guardia, se apoyaba en el hombro de la luna y dejaba que por la noche soñara con que se marchaba y que en su lugar Penelope le esperaba en la vieja casa de pizarra negra, alli delante del hogar, a la luz de la leña ardiendo en la chimena, ella tejia para él ,mientras el humo lo impregnaba todo, allí estaba ella, mirándole, esbelta, altiva, invencible, incansable. Penelope con sus lindas trenzas lloraba por su ausencia, cuando Luis llegaba para secar las lagrimas que empañaban los ojos azules mas intensos que se hubieran visto en el valle, la abrazaba y dormía con ella pero siempre amanecia abrazado a su tristeza.

Una mañana de primavera , cuando los rayos del sol acariciaban la morena piel de Luis mientras descansaba en medio de un claro del bosque, la vió por primera vez. Hermes dormitaba a sus pies. Entre la espesura de los helechos que limitaban el borde del claro una joven palida como la luna le observaba con detenimiento, vestía una túnica blanca y llevaba el negrísimo pelo recogido con una diadema plateada. Sus ojos de un gris metálico le miraban con detenimiento. Luis se incorporó tratando de ver mejor a aquella extraña figura , Hermes abrió los ojos, levantó sus orejas adoptando la posición de alerta al ver a aquella intrusa en sus dominios pero no se movió. Luis se acercó lentamente temiendo que aquella imagen desapareciera como un fantasma, algo le decía que aquello no era de este mundo y habia que ser precavido en cosas de muertos y fantasmas decian los mayores en Villares . Pero no lo hizo, alli seguía mirandole fijamente cuando Luis llego hasta el extremo del claro y pudo contemplar claramente su imagen. Aquella mujer parecía salida de uno de los clásicos que tanto le gustaban, una Palas Atenea particular pensó Luis. La de los ojos brillantes, la que guiaba a Odiseo e infundía valor en sus momentos más dificiles. Estaba a no mas de unos diez pasos de distancia cuando habló la pálida dama sin mover los labios y sin dejar de mirarle fijamente :

-Preparate Luis, tu viaje empieza pronto, arregla tus asuntos pues no tienes mucho tiempo, llevas ya mucho tiempo esperando pero este verano será el último que pases en el valle , no esperes a que caigan las dulces castañas ni las cigueñas vuelen hacia el sur –

Sin darle tiempo a responder desapareció difuminandose en la frondosidad del bosque momento en que Hermes acudió ladrando a su lado.

-Que extraño fantasma se apareció aqui querido amigo y que siniestro mensaje traia, ¿lo escuchaste tu mi fiel compañero o es producto de mi imaginación?, no creo en espiritus ni fantasmas pero este era real-

Sin duda aquella aparición no era de este mundo ya que no habia rastro de huellas en el lugar donde se encontraba y la maleza era tan espesa que no le hubiera sido dificil seguir su rastro si de un ser humano se tratase, pero alli no habia nada, ni una rama doblada ni unas hierbas pisadas. Luis no creia en nada que no fuera de este mundo pero estaba seguro que no lo habia soñado. ¿De que viaje se trataria y porque era preciso iniciarlo antes del otoño? Esa idea le ocupó el resto del día sin entender de que se trataba, ¿de que asuntos se tenia que ocupar y porque el final del verano era el plazo que tenia para iniciar un viaje, pero a donde ?

Libertad (IV)

Cuando al fin despertó habia anochecido o al menos eso le pareció por la oscuridad que envolvía la trastienda. ¿Cómo podía haberse quedado dormida en aquel sitio? Fue lo primero que pensó mientras tanteaba en busca de su bolso. No lo encontró. Aquello era demasiado, aquel viejecillo la habia robado y en su propia tienda, no es posible se dijo en voz baja mientras entraba en la tienda donde hacia unas horas habia conocido a aquel extraño personaje. Se sobresaltó cuando descubrió colgado en el perchero un inconfundible abrigo azul, el mismo que el de la chica de la fotografia recordó. Pero en el escaparate ahora todo se mostraba de forma diferente, no habia antiguedades ni viejas fotografias, si no toda clase de libros, clásicos de la literatura y muy antiguos aunque de aspecto reluciente. Encendió una pequeña lampara que habia encima del mostrador y pudo comprobar que alguien habia limpiado concienzudamente el polvo de la tienda, todo aparecia nuevo y reluciente. Aquello empezaba a confundirla sobremanera. No era posible, no podia haber estado durmiendo tanto tiempo.

-¿Hola ? – dijo alzando la voz pero nadie respondió. Se acercó al perchero y sin saber porque se colocó el abrigo. Recordó de pronto que en la trastienda habia un espejo y fue hacia alli para ver como le sentaba. Cuando se vió reflejada en el quedó sobrecogida. En el antiguo espejo no se reflejaba Marta, era la chica de la fotografia. Se mareó y tuvo que volver a sentarse en la butaca para no caer al suelo. No es posible, estoy soñando. Pensó.

Cuando recuperó la calma volvio a mirarse en el espejo y en efecto alli estaba la imagen de otra persona, era la tercera vez que la veia y esta vez podia observarla detalladamente. Era una mujer muy bella, de unos profundos ojos castaños, muy expresivos con cierta melancolía en la mirada, de alguien que ha vivido mucho y visto muchas cosas tristes pero que no ha perdido la esperanza del mañana. Le temblaba todo el cuerpo y estaba paralizada mirando aquel rostro. Su mente era incapaz de explicar que estaba sucediendo y no habia razones para ello desde luego. De pronto un sonido desgarró el silencio con el viejo timbre de los telefonos antiguos. Como un acto reflejo Marta se giro y vió temblar en la pared un negro telefono, algo en su interior le obligó a descolgar y sin saber que decir escuchó una voz tremendamente familiar al otro lado:

-Los libros que me pediste no los pude encontrar pero tengo otro que te valdrá. Nos veremos donde siempre y te lo daré. Es preciso que sea hoy mismo-

No le dió tiempo a preguntar nada, la linea se cortó. Fue entonces cuando advirtió que junto al telefono habia un extraño bolso de cuero marrón. Lo examinó con cuidado. En su interior una servilleta de papel con una dirección: Cafe Martín. Calle del Príncipe 14.

Sin saber porque se echó ese bolso al hombro y como impulsada por una fuerza desconocida salió de aquella tienda, afuera no estaba el Madrid que ella tan bien conocía, la luz de las farolas iluminaban otro mundo, unas calles desiertas de coches y peatones. Definitivamente estaba soñando y estaba decidida a averiguar que misterio escondia todo aquello que en su vida real estaba complicandolo todo. Asi que con esa reflexión y la seguridad que pronto despertaría se dirigió por las calles de ese Madrid olvidado por el tiempo hacia la Calle del Principe. Ella no solia soñar, al menos no lo recordaba, pero lo que estaba segura es que nunca habia sentido un sueño tan real, tanto que por momentos dudaba que no fuera esta la realidad y su vida el sueño.

Mientras caminaba apresuradamente no se dió cuenta que alguien la seguía. Su instinto policial no habia viajado con ella en el sueño o aquel que iba tras sus pasos era excepcionalmente cauteloso, pues las calles estaban desiertas. Pronto alcanzó el numero 14 de la Calle del Principe. Un viejo y decadente Café que era la única señal de vida en aquella calle y a esas horas. En la puerta un hombre con una gabardina gris leia un periodico a la luz de la farola. No fue hasta que estuvo cerca cuando pudo comprobar quien era. No habia duda, era él, ahora le tenia enfrente y podia ver claramente sus facciones. Se quedó paralizada frente a él que parecía no advertir su presencia. Lentamente movió la cabeza y con una sonrisa le dijo:

-Creia que ya no vendrías, a veces las cosas son más dificiles de lo que imaginamos pero estaba seguro que tenía que esperarte-

Ella no supo que responder, por un lado aquel hombre era un completo desconocido por otro querria abrazarlo alli mismo.

-Ven acompañame, tenemos mucho que contarnos- le dijo el mientras la miraba atentamente bajo la luz de aquella farola.

Entraron en el café que en aquellas horas aparecía vacío y se sentaron en una esquina tras una columna desde donde pasarian desapercibidos y a la vez tenian una buena visión de quien entraba en el local.

-Ven, aqui no nos molestará nadie- le dijo cogiendola de la mano suavemente.

Marta no sabia que decir ni que preguntar, se dejaba llevar por aquel extraño pero una parte de ella le decia que no habia nada que temer mientras estuviera con él, era como si lo conociese de toda la vida. Por un lado queria preguntarle quien era , como se llamaba, por qu la conocia, pero por otro lado sentia temor a que las respuestas le dijeran que aquello era un sueño, algo en su interior no queria despertar a la realidad.

-¿Quieres comer algo ? le preguntó él desconocido – Preparan un cocido excelente y seguro que les quedará algo-

No le gustaba el cocido pero le dijo que si porque tenia hambre y le apetecía, realmente estaba deseandolo, era una sensacion extraña, la de desear algo que no recordaba gustarle pero claro en su sueño ella era otra y aqui el cocido era su plato preferido. De pronto cayó en la cuenta que no sabia ni su nombre pero tampoco podia preguntarlo. El la miraba como leyendo sus pensamientos y cogiendole la mano le dijo:

-Te veo mas delgada, no debes preocuparte tanto…. saldremos de esta-

Cuando el mozo trajo la comida sonrió. -Come cariño, tienes que coger fuerzas, nos queda un último esfuerzo y podremos irnos-

La cabeza empezaba darle vueltas y necesitaba respuestas, queria hacer tantas preguntas pero no sabia como empezar ni que pensaría aquel hombre si le decia que no tenia ni idea de como habia llegado hasta alli ni que se suponia tenia que hacer. Algo en su interior le dijo que lo mejor seria dejarse llevar, si aquello era realmente un sueño lo iba a disfrutar, iba a descubrir que habia detrás de aquel misterio.

La miro fijamente.

-Estas muy callada hoy……¿Ha pasado algo?-

Era su turno, tenia que decirle algo pero no sabia ni como empezar, quien sería el y como reaccionaria si pensara que no era quien el creia. Era una situación que la superaba, por una parte parecia que le conocia de toda la vida pero no sabia nada de quien era, sin embargo no sentia miedo, aquel hombre no le haria nunca daño aunque algo en su interior le decia que algo iba a cambiar sus vidas en las proximas horas.

-No sé quien eres ni que hago yo aquí….. – balbuceó mientras bajaba la mirada nerviosamente. Eso no era lo que debia pasar, algo crujió en aquel universo. Quizá no era el momento o quizá no debía haber seguido a aquel conejo de una Alicia en el País de las Maravillas que era aquella pareja reflejada en su realidad. Ahora todo se desvanecería y despertaría de este sueño pensó mientras cerraba los ojos esperando que al abrirlos volviera a su realidad. Pero no ocurrió nada. Tampoco él dijo nada. Aquello le hizo más incomoda la situación y mas fuerte su deseo de salir de allí. No se atrevía a abrir los ojos pero sabía que seguía alli. El olor a comida y la respiración de él llegaban a sus sentidos con intensidad.

-No te entiendo…..- dijo él – ¿porqué me dices eso? sabía que algo no iba bien esta vez pero no imaginé que sería esta la última oportunidad, por eso te llamé aún sabiendo que era peligroso. Ya sabes que hay que seguir siempre las reglas. Esta claro que he me he equivocado haciendolo ….otra vez….- dijo con un hilo de voz.

-No te comprendo, yo…no soy de esta realidad….y creo que he llegado en el momento equivocado o quizá no debí responder tu llamada, quizá soy yo quien ha roto las reglas- respondió ella sin atreverse a mirarle.

-Ya ha ocurrido otras veces y temo que no volverá a pasar pero seguiré soñandote, algún día llegará la oportunidad en la que podamos escapar juntos de esta ciudad aunque no sea en esta noche, solo debo seguir las reglas….-

-¿Quieres decir que tú tambien estas en un sueño?- dijo ella como entendiendo de pronto donde estaban.

-Por fin empiezas a comprender querida- susurró él mientras se reclinaba en su silla aliviado.- Es posible que tengamos una oportunidad….-

-No, no comprendo nada, pero si se que si sigues perdido en estos sueños nunca encontrarás la felicidad en la realidad- respondió ella sin saber de donde salian sus palabras pero segura que aquellas palabras eran una vuelta de llave en la cerradura que le permitiria salir de alli. Fue entonces cuando percibió que entre sus manos tenia algo, un pequeño libro de piel.

-yo no quiero vivir un sueño ni una ilusion ni mucho menos ser la idea de nadie, amo mi mundo y mi realidad, si te he de buscar quiero hacerlo alli- añadió con voz firme mientras la figura de él comenzaba a palidecer y su voz se hacia mas tenue

-He vivido esta situación infinidad de veces y nunca me habias dicho esto…es sin duda un nuevo final que no esperaba-

-Por fin empiezas a comprender querido- le dijo sonriendo mientras abria los ojos para contemplar a aquel hombre que se desdibujaba en su traje gris mientras la estancia del café parecía temblar como si fuera un ser vivo.

-Entonces no hay ninguna forma de salir de aqui juntos- sonrió él o eso le pareció a ella pues su cara apenas era ya perceptible

-Creo que tú aún debes descubrir como resolverlo pero yo no puedo ayudarte mas que diciendote donde no esta la salida , y la salida no esta en seguir soñando, debes despertar como lo voy a hacer yo- asintió con tono firme sorprendiendose de lo que decia pues no lo pensaba, sus palabras salian de su boca como leidas de un libro. Un viejo libro de piel marrón que una vez alguien le habia leido aunque ya no lo recordaba. Los tenia entre sus manos , lo cerró y lo dejó encima de la mesa. Sintió entonces una gran paz.

-Toma.Aqui encontrarás más respuestas- le dijo mientras acercaba el libro hacia él.

-Gracias- fue lo último que oyó decirle mientras volvia a cerrar los ojos y respirar por última vez aquel olor a comida que inundaba aquél café pero no pudo sentir nada, su olfato ya no percibía nada. En su espalda sintió como se resquebrajaba la vibrante pared del café, y una fina lluvia de polvo caia sobre ella, ese mundo que acababa de conocer se desvanecía suavemente y con él la posibilidad de descubrir sus enigmas. No se resistió sabiendo que la voz se iba apagando y que cuando abriera los ojos todo aquello ni siquiera lo recordaría pero sabedora que habia cumplido su misión. Tuvo la tentación de decir algo más pero de su boca no salian ya palabras y su cabeza empezaba a dar vueltas. Fué entonces cuando sintió que le cogían la mano y escuchó la voz del anciano tendero llamándola.

-Se acabó- se dijo sintiendo una gran paz y una tranquilidad en ella desconocida.

Cuando finalmente abrió los ojos estaba tumbada en la butaca de la trastienda de la tienda de antiguedades mientras el viejecillo la miraba con ternura.

-Le había traido algo de comer señorita pero no me he atrevido a despertarla, dormia usted tan profundamente ….pero imagino que en su casa estarán preocupados, es tarde ya-

Se reincorporó aliviada de volver a su mundo. No recordaba claramente lo que habia pasado pero si la sensación de haber terminado algo que llevaba tiempo intentandolo.

-Siento que tenido un sueño muy extraño- pero no sabria explicarlo

-El sitio es el apropiado- rió el anciano, -llevo años soñando en esta butaca, la compré a un tipo extraño que necesitaba deshacerse de ella, me contó que no tenia dinero para comprarla pero que el me haria un precio que pudiera pagar porque necesitaba saldar unas deudas que le atormentaban pero que volveria la semana siguiente por ella, la verdad es que me dio pena y acepté sin saber que nunca volveria a reclamarla, tambien me dejó un viejo libro de piel marrón sin título y la fotografía por la que me preguntó usted antes, me dijo que era aún mas preciada que la butaca y que la guardase mientras volvía, el libro me dijo que no lo leyera, que era peligroso para la razón-

Ella le escuchaba con atención intentando entender lo que le contaba pero sin llegar a entender como estaban conectadas aquellas historias que hoy se entrelezaban.

-¿Puedo ver el libro?- le preguntó sin saber bien porqué

-Es ese que tiene usted entre las manos señorita, supongo que se quedó dormida leyendolo y por eso ha soñado cosas raras, su dueño ya me advirtió sobre él, será mejor que lo vuelva colocar en su sitio, por hoy ya ha tenido suficiente- le respondió con una mirada complice.

Era el libro que habia visto en su sueño y del que leia el dialogo que habia tenido en aquella cafeteria.

-Si, será mejor que lo guarde usted bien, ahora creo que debo irme a mi casa, me espera mi familia-

Salió a la calle y con una sonrisa caminó deprisa en dirección a su casa sin mirar hacia atrás. Cuando dobló la esquina para llegar a la Gran Vía vió reflejado en el cristal de un coche parado en un semaforo la imagen de aquel hombre del traje gris, lo reconoció por su traje de epoca y su mirada intensa, esta vez estaba solo, en su mano sostenía el viejo libro de piel marrón sin título, pero sonreia, y en sus ojos aunque habia cierta melancolia no era una mirada triste si no la de alguien que por fin acepta su destino, aquella sería la última vez que lo vería. Ella sonrió mientras se miraron por el instante que tardó el disco en cambiar de color. Allí detenida en mitad de la acera la iluminaba una farola que parpadeaba con dificultad.

-Supongo que finalmente lo conseguiste y alcanzaste la libertad que buscabas aunque fuera sin ella-

Se dijo en voz alta mientras la multitud la rodeaba en mitad de la calle. La farola finalmente se apagó y el claxón de un coche la devolvió a la realidad. Volvió a sonreir y se perdió entre la gente que abarrotaba las calles de Madrid.

Libertad (III)

Cuando el sargento cerró la puerta y se sentó pesadamente sobre la gastada butaca azul, Marta sabía que no traia buenas noticias. Bajo el brazo traia el informe de asuntos internos y la expresión de su cara era de derrota. Eran muchos años y se conocian bien, tanto que sobraban las palabras.

-Esta vez no vamos a tenerlo fácil. Te jugaste la vida por un fantasma y lo peor has perdido el arma, era un maldito accidente de trafico, tenias que haber esperado por los jodidos bomberos.- Dijó mientras arrojaba el informe con violencia sobre la mesa.

El sargento era un hombre mayor y no solia perder las formas pero aquello le dolía en el alma, ella era su protegida, lo habia sido desde que entró en el cuerpo. Esta vez no podia hacer nada y eso le irritaba.

– ¿por que no dices que te lo robaron, sería mas fácil ?-

Marta sonreia. Ella nunca mentiría

-Antonio, tenia el arma justo antes de saltar sobre ese coche, lo recuerdo perfectamente, no me voy a inventar nada, sabes como soy-

-Máldita seas tú y tu cabezoneria, esta vez no voy a poder hacer nada Marta- Respondió airadamente mientras bajaba la mirada para evitar que ella viese los ojos vidriosos.

Ella sonrió y mirándolo con ternura le dijo:

-No hará falta, siempre me has ayudado y debemos hacer lo correcto, como siempre me dices, ¿recuerdas? somos policias, de los buenos…. ahora solo quiero irme a casa, me duele la cabeza y necesito descansar-

-Por supuesto Marta pero ya lo sabes, en estos casos tengo que pedirte que me des la placa, ya sabes como son las normas, es duro para mi tambien….- Le dijo mientras se giraba para no mirarla a los ojos. No hizo falta, Marta le abrazó y le susurró al oido.

-gracias, estaré bien, tu estas haciendo lo que tienes que hacer, eres un buen policía-

Cuando por fin Marta salió de la comisaria decidió que necesitaba respirar, y el aire podrido del metro le repugnaba mas que nunca, iría dando un paseo hasta su casa, tenia ganas de caminar. Pronto se unió a la multitud que transitaba ocupando ruidosamente la acera de la calle Gran Vía, era viernes y se notaba que empezaba un fin de semana, pero ella no escuchaba nada, iba completamente absorta en sus pensamientos, recordaba la escena del coche en llamas y volvía una y otra vez a intentar recordar en que momento su revolver habia desaparecido, era imposible que lo hubiera perdido. Sin saber como habia salido del torrente humano y callejeando habia acabado en la calle de las Tres Cruces frente a una vieja tienda de antiguedades. En el escaparate entre objetos de toda índole algo fijó toda su atención. Era una vieja fotografía en blanco y negro, muy estropeada y ajada por el paso del tiempo, sobresaltada descubrió que en ella estaba la pareja que hacia unos días vió reflejada en el lugar del accidente. Inconfundible ella con su abrigo y el con su gabardina de epoca. Ahora no se desvanecerian. Estuvo unos minutos examinando las facciones de aquellas personas y descubrió que le resultaban profundamente familiares. ¿Quienes serían? y por que los habia visto en aquella imagen.

-Esto me pasa por no dormir- masculló sonriendo con aquella expresión felina que tenia cuando algo no le encajaba.

Siguió caminando pero a los pocos metros se detuvo y volvió sobre sus pasos. No sabía que iba a hacer pero si que tenia que entrar en aquella tienda y ver mas de cerca aquella fotografía, es posible que en el reverso encuentre los nombres de los protagonistas. Decidida entró en el local mientras una campanilla sonó anunciando un nuevo cliente. No habia nadie alli pero no se echó atrás y sin saber muy bien que iba a preguntar dijo:

-¿Hola?

Alguien se movió en la trastienda y ante ella apareció lentamente un hombrecillo vestido con un traje oscuro muy pasado de moda y lleno de polvo.

-Buenas tardes preciosa, ¿En que podria ayudarte?- anunció mientras se colocaba tras el mostrador

Marta se sobrecogió, aquella voz era tremendamente familiar, no sabria decir de quien pero estaba claro que conocia a aquel anciano que apareció frente a ella.

-No tengas prisa, normalmente no entra nadie aqui salvo por equivocación y en mi tienda no pasa el tiempo desde hace muchos muchos años- rió el viejecillo mientras colocaba unos libros sobre la repisa del escaparate sin prestar demasiada atención a su inesperada visita.

-Normalmente paso los dias leyendo viejas historias en la trastienda pero ultimamente duermo mas que leo, tomate todo el tiempo que quieras y echa un vistazo, a lo mejor encuentras algo, todo el mundo busca algo pero pocos lo encuentran- continúo bajando el tono de voz hasta convertirlo en un murmullo

-La fotografia…, me ha gustado, me gustaria llevarmela ¿cuanto vale?- dijo ella tímidamente sin pensar que habia muchas otras fotografías en el escaparate.

El anciano vendedor se detuvo como accionado por un resorte , lentamente se giro y saco del bolsillo de su chaleco unas gafas que se colocó cuidadosamente. Miró a Marta con mucha atención y dijo:

-Eso depende de quien seas, para ella, esta fotografía valia todo el oro del mundo, era lo único que le recordaba su felicidad, para la gente que pasa por la calle no vale absolutamente nada-

Fue entonces cuando Marta pudo comprobar las horribles heridas que cubrian el rostros y las manos de aquel hombrecillo, sin duda eran quemaduras muy profundas, probablemente este hombre habia sobrevivido un incendio terrible en su infancia.

-No siempre he sido vendedor- Sonrió cuando adivinó en la mirada de Marta el pavor que aquellas cicatrices le provocaban.

-Necesito sentarme, creo que me estoy mareando- dijo Marta recordando que tampoco habia comido nada aquel dia y apenas habia dormido un par de horas.

-Iré a buscarte algo de comer al bar de al lado, cerraré la tienda para que puedas descansar, de cualquier forma no entra nunca nadie, sientate en la trastienda y descansa, debes coger fuerzas Marta-

La cabeza le daba vueltas y no podia apenas mantenerse en pie, descansaria un rato si, aquel hombrecillo era tan amable….cuando se hubo marchado cayó en la cuenta ¿Como sabia su nombre? No recordaba haberse presentado. Cerró los ojos y sin poder resistirse se fue deslizando en un profundo sueño sobre la vieja butaca de la trastienda, rodeada de montones de antiguedades y una pared cubierta de libros antiguos.

El Viaje

Cuando Luis cerró de un portazo la vieja puerta de madera de la pequeña casita de piedra con tejas de pizarra que marcaba el final de la aldea nadié se sobresaltó. Hacía ya muchos años, tantos que ni él los recordaba con claridad, que el último parroquiano de de Villares habia partido para no volver nunca más. Primero fue una cruel guerra la que se bebió la juventud de Villares, ni uno solo de los hijos de aquella parroquia volvió para contar porque tenian que ir a luchar a una lejana y extraña batalla que nadie conocia, después volvieron por los mayores y los más jovenes, solo quedaron los niños, los enfermos y los mas ancianos. †

Luis no recordaba cuando habia visto por última vez un semejante, su unica conversación era con su fiel amigo Hermes, un pastor alemán que nunca se separaba de él .

-Hermes no era un nombre de perro-

Le habia dicho su padre, pero Luis aprendió a leer gracias al padre José, el parroco de Villares, habia visto la inteligencia en aquel muchacho y aunque su padre no le permitió ingresar en el seminario como le pedia don Jose, no por una cuestión de fe si no por sacarle de aquella vida miserable, si toleraba las clases que le daba cuando las labores del campo le dejaban tiempo. Asi en la casa parroquial Luis aprendió a leer y escribir, aritmetica, historia universal, y los clásicos, de los cuales los griegos eran sus preferidos, Luis disfrutaba leyendo los viejos libros que guardaba la casa parroquial.

Un dia que su padre volvia del monte habia encontrado aquel cachorro perdido y lo habia recogido para que cuidara el ganado. No era un perro habitual en aquellas tierras por lo que los vecinos recelaban de el, decia que tenia sangre de lobo y harian bien en ahogarlo en el rio antes de que atacase a alguien. Pero el viejo no lo permitió. Una mirada con sus acerados ojos azules bastaba.

-Hermes es el guardian de los secretos y el mensajero de los dioses, padre, le llamaré Hermes-

Le dijo al viejo. Un coscorrón en la cabeza es lo que recibió por respuesta.

-¿Eso es lo que te enseña el cura? , se llamará lobo, es lo que parece, y como saque el lobo que sin duda lleva dentro acabará en el rio, asi que no te encariñes con él, hijo mio-

Le paso la mano por el cabello comprobando que aquel niño pronto sería un hombre.

-Este Don José te esta llenando la cabeza de tonterias, los libros no valen mas que para calentar las mentes y lo que deberian es arder para calentar el hogar-

El padre de Luis fue de los últimos en partir a la guerra , tenia una escopeta y era buen cazador, aunque mayor y muy envejecido por la dura vida del campo marchó en el último reemplazo con el hermano mayor de Luis, apenas un niño, un par de años mayor que él pero suficiente para entrar en el último y desesperado reemplazo.

-Hijo mío, ahora eres el hombre de nuestra casa, cuida de ella y de tu madre. Te dejo mi escopeta, cuidala porque ella ha traido comida a casa cuando no habia nada mas que llevaros a la boca, nunca la uses para amenazar ni hacer daño a un semejante salvo que lo merezca, te dará sustento si eres hábil con ella.

Quiso decirle algo mas pero en su interior algo se quebró y estrecho por última vez aquel cuerpecillo de niño

Me hubiera gustado haberte enseñado tantas cosas…..te quiero hijo mio- murmuró mientras apretaba los dientes para que no le venciera la emoción.

Una lágrima se escurrio por la dura mejilla del viejo, en aquella piel como cuero curtida por el sol y el frio no habia camino para lagrimas, aquel dia fue la unica vez que le vió llorar. La marcha del viejo hundió a su madre para siempre y al tercer invierno Luis se quedó solo en el mundo. Don José lo acogió como el hijo que nunca tendria.

Después vino el jinete de la hambruna, con su guadaña segó la vida de los mas pequeños y los más débiles, con el hambre agarrada en las tripas, sin jovenes que trabajar el campo las cosechas se perdieron , las mujeres tomaron el relevo y con los viejos tuvieron que volver a excavar en la dura tierra, regar con el sudor y sus lágrimas los surcos de los campos y empujar el arado con sus manos llenas de callos para poder dar de comer a sus familias. Cuando acababa la dura jornada se sentaban a esperar ver volver a sus maridos, a sus añorados hijos por aquel camino que llevaba al mundo que ahi fuera se desangraba en una guera fraticida por la gloria de quien sabe. La bonita iglesia románica de Villares olvidó celebrar bautizos y en su lugar el cementerio a su alrededor no paraba de crecer, pronto no hubo a quien enterrar y las casas quedaron vacías para siempre. Los que aun tenian fuerzas juntaron sus escasas pertenencias y el poco dinero que guardaban para salir en busca de un futuro lejos del pueblo. Todos menos Luis y el viejo parroco se rindieron.

-Padre me pidió guardar la casa y las fincas, No me iré nunca de aqui- Le dijo a Don José cuando ya muy enfermo le aconsejó seguir el camino de los otros vecinos.

-Entonces leeme otra vez algunas páginas de la Odisea, mi vista apenas distingue las letras y me fatigo rápidamente-sonrió el viejo cura

-Cuando Odiseo desafia a los pretendientes-

La muerte llegó con la primavera , el pobre anciano estaba tan consumido que le sorprendio la ligereza del cuerpo cuando.  Lo enterró bajo el viejo roble que daba paso al camposanto. Bajo la sombra del centenario arbol Don José le daba aquellas lecciones de historia que tanto le gustaba, recordaba cuando le contaba como resistieron a los romanos en Numancia o como Escipión venció los elefantes de Anibal y arraso Cartago, como Hercules vencia al minotauro o como Odiseo tensaba el arco que nadie podia.

. -Al Señor no le importará que el bueno de don José descanse fuera de sagrado, al fin y al cabo todo es de Dios- Rezó un padrenuestro y se despidió de se buen amigo.

La maleza invadia la unica calle de la aldea, las puertas y ventanas cerradas dejaban entreveer como la madre naturaleza ganaba la batalla a la obra del hombre, tejados hundidos y hiedras estrangulaban por doquier los muros de los hogares que años atras albergaban penas y alegrias de la las que la dura vida de la gente que se aferra al campo para comer. Las huertas y campos de cultivo habian fueron los primeros en desaparecer. Solo Luis y Hermes recorrian el camino que llevaba a la fuente que resistia el paso del tiempo. La escopeta del viejo le acompañaba en sus salidas en busca de sustento, con ella y la ayuda de Hermes nunca faltó comida en la casa.

Libertad (II)

Cuando aquella mañana sonó por fin el despertador Marta ya estaba despierta. Morfeo y ella no se llevaban bien desde hacía ya algunos años pero ella no se iba a rendir, la vida habia sido dificil pero ella tenia coraje y esperanza, saldría ahi fuera como cada mañana a plantar cara al destino. Se vistió con su sonrisa de siempre y con sus ojos miró en lo profundo del espejo intentando ver quien era , intentando recordar ese sueño que desde hacia ya algunos dias la despertaba en mitad de la noche. En ese sueño esperaba en una estación la venida de un tren, con nerviosismo caminaba hacia el andén pero justo en el momento que se adivinaba la inconfundible llegada del tren ella se marchaba sin esperar a que se detuviese, salía apresuradamente de la estación sin mirar atrás, como huyendo de un desenlace que sabia iba a ocurrir, como quien no quiere acabar una novela temeroso de que el final le defraude, y aunque en su interior deseaba quedarse y ver quien finalmente descendía de aquel tren no miraba atrás. Subía apresuradamente las escaleras y ya en la puerta de la estación alguien tocaba su hombro y en ese el preciso momento de darse la vuelta se despertaba. Siempre a la misma hora. Se quedó un instante mirando su imagen en el espejo y le pareció ver en el la esbelta figura de una muchacha con un abrigo de color azul. Perderé el autobus ! se dijo volviendo a la realidad y con una mueca de desaprobación se dijo: ¡deja de soñar !

Las calles de Madrid esperaban a Marta. No les tenia miedo, ella era fuerte, el dolor del pasado habia endurecido su espiritu y no era fácil que cayera en el desanimo, sin embargo aquel dia le costó un poco más. Pero quienes la conocían no lo percibieron, no era fácil entrar en su alma y por supuesto ella no lo ponía fácil. LLovía con fuerza y el tráfico era un infierno, el agua empapaba sus cabellos y sus ojos brillaban con especial fuerza aquella mañana, como los de alguien que sabe que algo va a encontrar lo que tanto lleva buscando sin saber exactamente en que consiste su busqueda. Era cerca del final del turno cuando entró el codigo que advertía de un accidente de tráfico.

-Vamos nosotros. Es aqui al lado- le dijo a su compañero mientras activaba las luces y la sirena del vehículo policial.

-Siempre igual, cuando estabamos a punto de marcharnos- Masculló su compañero con visible enfado.

La lluvia complicaba el operativo , ella conducía con agilidad, se conocía aquellas calles como nadie, sabia donde podia aparecer un despistado peatón, el anciano que cruza por donde no debe, el autobús que invade el carril contrario en esa estrecha calle donde nadie puede esquivarlo.

-¡vas a conseguir que seamos los siguientes en montar en esa jodida ambulancia ! le dijo su compañero mientras clavaba sus uñas en el asiento.

-No, hoy no- Sonrió ella mientras giraba bruscamente el volante esquivando un despistado turista en medio de la calle del caballero de Gracia.

-¡Demonios de guiris ! siempre en medio

De esa forma y lanzandos a toda velocidad por entre las calles de Madrid llegaron los primeros. Un coche completamente destrozado anticipaba un fatal desenlace. Alguien se habia saltado un ceda y se habia dado a la fuga dejando un reguero de aceite como si de una bestia herida se tratase.

-¿Ambulancia? no , aqui ya no necesitamos un jodido médico, voy a cortar la calle antes de que alguien nos lleve por delante- Dijo su compañero al ver el amasijo de hierro en que se habia convertido aquel coche mientras hacia señas al resto de vehiculos para que se detuviesen. Marta se dirigió con decisión al vehiculo o lo que quedaba de él sin ser consciente que el humo que salia de entre los hierros y el olor a gasolina amenazaban con convertir aquello en un infierno. Esperando encontrarse lo peor y con un nudo en el estomago rompio lo que quedaba de luna para intentar sacar a quien alli estuviese….pero alli no habia nadie…..

-¿Habrá salido despedido? – Pensó rápidamente mientras dirigía nerviosa su mirada en todas direcciones y pedia ayuda por la emisora siendo consciente entonces de que estaba empapada en gasolina.

-¡Marta ! le gritó su compañero, ¿Que coño haces ? – ¡el coche esta ardiendo, sal inmediatamente de ahi ! gritó su compañero paralizado mientras retenía el trafico en mitad de la calle.

-¡No hay conductor !- volvió a mirar nerviosa en el interior del vehiculo, pero alli no habia nadie, sea quien fuera el que conducia se habia esfumado. Unos brazos fuertes en la sujetaron con fuerza y la sacaron de alli mientras los bomberos enterraba aquellos restos en un mar de espuma.

-Nos hacemos cargo agente- le dijo el bombero mientras la llevaba hacia la ambulancia.

¡Estas sangrando ! En efecto tenia las manos abiertas por efecto de los cristales y apenas lo habia notado.

-joder Marta, que tienes dos hijos, ¿se puede saber que coño hacias ahi? – le dijo su compañero

-nuestro puñetero trabajo- le sonrió ella mientras le curaban las heridas en la ambulancia que ya no se llevaría ningún herido esa mañana.

No fue hasta que volvió al coche patrulla cuando se dió cuenta que había perdido su revolver. No podía ser, no es posible que se caiga sin mas. Esto iba a ser muy complicado de explicar y desde luego no podia explicarse fácilmente. Pero extrañanamente no sintió ninguna preocupación. En el escaparate de la tienda que tenia justo enfrente se vió reflejada y lo que observó la dejó helada. Alli no estaba ella con su uniforme azul, en esa imagen estaba la chica del abrigo azul y a su lado cogida de la mano un hombre con un traje gris, vestidos a la moda de principios del siglo XX.

Obsesion (VII)

Cuando J se despertó había caido la tarde. No podia recordar cuantas horas llevaba durmiendo. No habia comido nada y lo único que tenia en su memoria era la pequeña chiquilla de ojos azules que habia venido aquella mañana. Una vez se habia marchado tal y como llegó le invadió una profunda somnolencia y lo que el pensaba habian sido unos minutos se habian convertido en unas horas. Recordó sobresaltado que tenia que encontrar aquel libro. Porqué, no lo sabía, su mente analítica y racional había renunciado a llevar aquel barco que se adentraba irremediablemente en la locura. Su corazón despúes de años enterrado en lo más oscuro de su alma luchaba por romper las cadenas con las que había sido dominado hacía ya demasiado tiempo.-Deberia ver un médico antes de que haga ninguna locura- pensó.- Estoy perdiendo el juicio, ni el libro parece ser real ni mucho menos aquella niña.- Su cabeza no estaba dispuesta a rendirse sin más por muy increible que fuera lo que estaba viviendo, habia trabajado duramente en estos años para tomar el control de la vida de J y no iba a permitir que aquello naufragará en un delirio de irrealidad. Empezó a tembar y a punto estuvo de caerse si no fuera por la butaca donde acostumbraba a leer que lo impidió. No recordaba haberla movido hasta donde estaba ahora pero su situación actual evitó que J cayera al suelo desplomado. Cuando recuperó la serenidad vió ante si el libro de piel marrón. Aquello era demasiado, hacia un instante no estaba ni la butaca ni el libro .